miércoles, 8 de julio de 2009

Yo.


Pocas veces hablo de mí misma.
No es mi estilo.
Ni siquiera aquí, en donde puedo abrirme tranquilamente
sin el miedo de que nadie me juzgue por ser quien soy
ni escribir lo que escribo.
Pero ni siquiera aquí suelo hablar de lo que soy.
Me perfilo en imágenes, en palabras que he visto y sentido como parte de mi.
Pero siguen sin ser yo.

Pensando en mí, ahora, me doy cuenta de que muchas veces me siento vacia.
Vacia como muchas personas se sienten al igual que yo.
Será tristeza a veces, hastío, será soledad, rutina, incomprensión.
Todas esas cosas que me hunden más y más dentro de mí misma.
Y que me hacen preguntarme la eterna duda de cualquier ser humano.
Quién soy? Por qué estoy aquí? Hacia donde se supone que me dirijo?
La vida te da múltiples y diferentes respuestas,
cada una válida en cada pequeño espacio de tiempo determinado.
Pero cuando me miro en el interior, además de esas pequeñas grandes cosas
maravillosas que tengo dentro de mí, también siento el vacio.
Vacio y temor de estar vacia. De no saber quién soy, de qué hago aquí
y de hacia donde voy.
Y tengo miedo.
Miedo de perder lo que amo, miedo de no llegar a los sueños,
de que se escape el tren de mi felicidad, miedo de ver marchar a quienes me rodean,
miedo de sufrir, miedo de temer...
Tengo 24 años y muchas veces no sé ni quién soy.
Eso me asusta. El no llegar a dar respuesta a mis preguntas y pasar por este mundo
como una pequeña partícula que se pierde en la inmensa eternidad.

Hoy hablo de mi, porque este vacio me ahoga, me asfixia, me ataca.
A veces me acerco al espacio glacial que vive en mi, allá en donde no queda nada...
y de repente recuerdo que aún estoy viva y que esta ausencia se llena
minuto a minuto con toda esa vida que pasa, que me utiliza y que me agranda.
Podría ser peor sin duda. Podría no estar aquí, y entonces estas palabras que escribo no existirían, porque en realidad sería lo que hoy siento... no sería NADA.